Download PDF (PDF 124 Kb) | Original Article
Cartagena, Columbia - Jan. 2007
Por Bruce Mac Master
Acaba de terminar en Cartagena el I Festival Internacional de Música, evento auspiciado, creado y
liderado por la Fundación Víctor Salvi. Para su realización se contó con el apoyo de algunas empresas
y entidades nacionales e internacionales.
Más allá del impresionante éxito cultural y artístico, debido a la excelencia de los intérpretes, del repertorio y de la organización del Festival, vale la pena destacar el impacto social que tienen
eventos de esta naturaleza sobre el país y especialmente sobre la ciudad.
El Festival se encargó de convertir a Cartagena en un inmenso escenario dedicado a la música,
durante la segunda semana de enero. Allí se llevaron a cabo conciertos en el Teatro Heredia, en las
capillas de Santa Clara y Santo Toribio, al aire libre y gratis en la Plaza de San Pedro Claver,
conferencias, talleres para jóvenes y seminarios.
Usualmente no es fácil medir el impacto social de los eventos y proyectos culturales. Sin embargo,
después de haber visto todo lo que sucedió durante esa semana, queda uno con la impresión de que
para cualquier ciudad, y en especial para una ciudad turística como Cartagena, el beneficio es
inmenso. El simple hecho de que se hayan vendido a precios muy accesibles más de 5.000
localidades, y que más de 3.000 personas por noche hayan podido asistir a conciertos gratis con la
orquesta de cámara de Montreal I Musici, o con algunos de los solistas más cotizados del mundo,
justificaría todos los esfuerzos para tratar de que este se convierta en un evento anual.
Sin embargo, los efectos trascienden con creces los anteriores logros. Por ejemplo, ¿cuánto le
representa a la ciudad una semana adicional de vacaciones? Una semana durante la cual se ocupan
habitaciones hoteleras, restaurantes, se usan taxis, se venden artesanías y otras cosas. Una semana
durante la cual Cartagena es referenciada en los medios culturales internacionales, durante la cual
tenemos la oportunidad de vendernos como destino turístico de gran nivel en el Caribe, y durante la
cual tenemos la oportunidad de mercadear en forma directa con los visitantes músicos y melómanos
que ya vinieron nuestros mejores productos turísticos.
Debemos apreciar la verdadera magnitud de los beneficios que puede generar el turismo
internacional. Países como España o, para no ir tan lejos, Perú han logrado contar con un flujo
estable de turistas que genera una gran cantidad de divisas y empleos alrededor de esta industria.
En alguna de las entrevistas otorgadas por los músicos visitantes, el chelista chileno Andrés Díaz se
mostraba impresionado por la calidad de este primer festival, al tiempo que afirmaba que en su
opinión estaba en camino de convertirse en uno de los destinos favoritos de los melómanos en el
mundo. No se trata de pecar de nacionalistas, pero destacaba algunas cualidades que permitirían este
posicionamiento, como la ciudad, los escenarios, la voluntad de la Fundación Salvi y elementos
aparentemente menores pero con gran peso al final, como la época en la cual se desarrolla que
coincide con el frío invierno del hemisferio norte, temporada durante la cual además la actividad
musical está muy limitada.
Parece que se ha identificado una ventaja comparativa para la ciudad que debería ser utilizada en la
mejor forma posible. Si, además, como sucedió, resulta que los visitantes dictan talleres para los
estudiantes y profesores colombianos, o si los músicos se vinculan con causas sociales como sucedió
con los violinistas que visitaron una escuela en el barrio Nelson Mandela, o si sencillamente los
recursos excedentes de la taquilla se dedican a las actividades de la fundación, como sucedió,
entonces estamos ante una oportunidad de oro para una ciudad que tanto lo necesita.
Finalmente, cabe destacar la participación de algunas empresas colombianas que creyeron en el
evento y en su capacidad de impactar positivamente la ciudad y apoyaron esta primera versión del
Festival. Sin embargo, hay que seguir trabajando, para que se consolide y se repita año a año, para
lo cual se requiere el apoyo decidido de autoridades y empresa privada.
Es una oportunidad de oro para proyectar a la ciudad, para generar empleo, para mercadearnos
internacionalmente, para atraer turismo de alto nivel y, por supuesto, para escuchar el mejor arte.