November 15, 2006 - Revista de Buen Gobierno - By Bruce MacMaster
Un evento aparentemente cultural
puede ser, en el fondo, un evento con
alto contenido social. Tal es el caso del
Cartagena I Festival de Música
Internacional liderado por la Fundación
Victor Salvi.
La decisión de colocar a Cartagena
durante la segunda semana de enero
de cada año en el centro del mundo de
la música clásica internacional, no sólo
debe ser motivo de orgullo para todos
los colombianos, sino traer una gran
cantidad de beneficios sociales.
El festival que se llevará a cabo entre el
6 y el 13 de enero del año entrante no
tiene precedentes en América Latina.
Durante estos días se congregarán en
la ciudad orquestas y solistas clásicos
de talla mundial. ¿Su objetivo? Hacer
parte del más importante festival de
música clásica del mundo de esa época
del año.
Durante esos días, no sólo se llevarán a
cabo conciertos pagos abiertos al
público sino, casi más importante aún,
estos grandes músicos darán talleres a
jóvenes colombianos talentosos, a
profesores, a periodistas y a formadores
musicales en general. Adicionalmente,
habrá una serie de conciertos gratuitos
al aire libre en las mejores plazas de la
ciudad, a los cuales podrá acceder
cualquier ciudadano que llegue al sitio y
quiera oír a algunos de los más grandes
músicos actuales.
Nadie puede discutir –aunque se debe
aceptar que es difícil de medir–, el
beneficio social que significa tener
acceso a la cultura del mundo. Sin
Charles Wadsworth
Serán ocho conciertos nocturnos en el
teatro Heredia, la capilla de Santa Clara
y la capilla de Santa Teresa; también
habrá cuatro conciertos de cámara
diurnos en la iglesia de Santo Toribio,
seis conferencias y talleres y finalmente
cuatro conciertos gratis al aire libre en la
plaza de San Pedro. Ocho días de la
mejor música con los mejores
intérpretes.
La escogencia de Cartagena dentro de
todas las ciudades latinoamericanas es
la mejor de las noticias para Colombia. A
pesar de sus festivales de literatura, de
cine, de música del Caribe o de ser
cuna de grandes artistas, lo cierto es
que la competencia de las otras
grandes ciudades debió ser muy dura.
Sin embargo, dado el carácter social del
festival, Colombia y más concretamente
Cartagena, ofrecen una de las mejores
oportunidades para desarrollar
programas sociales y apoyar desde esta
iniciativa su desarrollo. Puede ser que
incluso Cartagena no constituya sede,
sino que sea la ciudad que más lo
necesita y mayor provecho social puede
embargo, el provecho que implica traer
a los grandes maestros a enseñar, a
críticos internacionales a compartir
experiencias con nuestros críticos, a
darle acceso gratis a cualquiera a los
conciertos públicos, es inmenso.
Si adicionalmente tenemos en cuenta lo
que significa para Colombia y para
Cartagena la exposición que da este
tipo de eventos, el empleo que genera,
las ventas locales del sector hotelero y
del turismo en general, o simplemente la
actividad económica disparada
alrededor del mismo, en realidad
estaremos en condiciones de
dimensionar el verdadero impacto de
esta iniciativa.
Para darnos una idea del alcance del
festival, mencionemos que el director
artístico del mismo es el maestro Charles
Wadsworth, director fundador de la
Sociedad de Música de Cámara del
Lincoln Center y director del Festival de
Música de Spoleto. También se incluye
en su primera versión a la orquesta de
cámara I Musici, de Montreal, a la
violinista Chee-Yun, al chelista Andrés
Díaz y la pianista Wendy Chen.
sacar de este bello festival.
Digna de toda admiración la decisión de
la Fundación Salvi de llevar a cabo este
festival, y merecedora de todo nuestro
apoyo por hacerlo en nuestra joya del
Caribe, Cartagena.
Por todas las anteriores razones, el
festival constituye una oportunidad sin
igual para adelantar políticas de
responsabilidad social, que combinen
un evento cultural valioso, de gran
impacto social, con la posibilidad de
apalancarse en el festival para la
divulgación de nuestras políticas
empresariales.